Boletín de Opinión : "Pensando en Voz Alta"

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Febrero del 2009

 

Conformación de la comisión por los 10 años

Enlace permanente 23 de Febrero, 2009, 19:58

Comisión del 10º Aniversario de la

Gesta del año 1999  

 Con el fin de mantener Viva e Histórica La Memoria de las Luchas Sociales de Los Correntinos en Defensa de su Dignidad y de sus Derechos Humanos del año 1.999, el día 6 de Febrero pasado en la sede del SuTeCo, se labro después de dos reuniones previa, el Acta Constitutiva de la Comisión del Décimo aniversario de la Gesta del ´99, así mismo se puntualiza que existen personas de todos los sectores que participaron, dejando constancia en actas que la Comisión es ABIERTA A TODOS, sin que nadie quede afuera, máxime aquellos actores que como Nosotros fuimos partícipes de "Un Hecho Histórico Trascendental" del que en algunos Países resaltaban lo  Digno y lo pacífico de los Correntinos.-

     Las actividades: se plantean para este año son: Elementos Documentales Testimoniales, Gráficos, audiovisuales. Generar debates, intercambio de ideas, jornadas, festivales y otros eventos. Además queda abierta también la implementación de Ideas que se  sumen a esta conmemoración.-

     Se propicia la Elaboración de Cronograma y el sostenimiento del "Reclamo de Justicia" de las Victimas de la represión. Todas estas actividades y las anteriormente nombradas, dirigidas a jóvenes, adultos y público en general.-

     Los Integrantes de esta comisión son: Vicente Rojas, Heriberto Castillo, Margarita Meza, Hilda Presman, Lucia Abad, Mónica Colunga, Luis Pindat, Orlando Pascuas, Vicente Ruiz, Diego Serrano, Sena Juan, Santiago Soto, Beatriz Molina, Carlos Ramírez, Juan Pereyra, Gerardo Marturet, Leticia Gauna, Rubén Galeano, Rubén Ruiz Cobos(Pompón), Edgardo González(Piero), Sonia López, Ezequiel Paniagua y Eugenio Aranda.

     Se siguen realizando reuniones en distintas Instituciones que participaron en el año 1999, como FM FENIX, SITRAJ, SUTECO( lugar en el que se labro el acta constitutiva), Y ASOCIACION DE PERIODISTAS DE CORRIENTES. Se recuerda también, que muchas personas se están sumando a este Hecho Patriótico y Caros a Nuestros Sentimientos Populares.-

     La próxima reunión sobre todo para los que se van a sumar, será en la sede del Sindicato de Trabajadores Judiciales (SITRAJ), sito en calle Paraguay 814 de esta Ciudad Capital; EL DÍA 5 DE MARZO DEL CTES A LAS 20 HORAS.-

     A NO OLVIDAR… LAS CAUSAS DIGNAS, SON SUSTANCIAS DE NUESTRO SER HUMANO, olvidarlas seria como olvidarse a si mismo. LAS LUCHAS SOCIALES SON CAUSAS NOBLES, POR ENDE SON CAUSAS HUMANAS. PROHIBIDO OLVIDAR, TE ESPERAMOS.- 

Eugenio Aranda.- 

COMISIÓN DEL 10º ANIVERSARIO DE LA GESTA DE 1999 

A. M. G. D.

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Documento 3

Enlace permanente 21 de Febrero, 2009, 12:12

Presentación al Primer Congreso de

Protesta Social, Acción Colectiva y Movimientos Sociales 

Sindicatos, Acción Colectiva y configuración identitaria

Corrientes entre octubre de 1998 y abril de 1999 

Area Temática: Sindicalismo y luchas socio-sindicales 
 

  Aldo Nicolás Avellaneda

sashadam81@gmail.com

CES – UNNE 
 
 

Presentación 

La provincia de Corrientes vivió desde finales de 1998 y a lo largo de todo el año de 1999 conflictos que, si bien comenzaron siendo reivindicaciones salariales, pronto se extendieron hasta abarcar un amplio espectro de demandas. Desde el pedido concreto de subvenciones a algunos productores agrícolas que habían perdido sus cosechas a causa de las inundaciones, hasta el reclamo generalizado para frenar la “corrupción”, numerosos grupos de correntinos se manifestaron de diversas formas, en distintas partes de la provincia, para hacer oír sus reclamos.  Si bien las manifestaciones habían comenzado en agosto – septiembre de 1998, no fue sino hasta finales de ese  año que los reclamos comenzaron a ser encauzados por vías más o menos comunes. Dentro de este escenario de protestas sociales, surgieron los denominados “autoconvocados”, un conjunto de personas (en principio docentes, particularmente de las escuelas de la capital correntina) que realizaban diversas medidas de fuerza (que incluían la retención laboral, el paro y las movilizaciones) en las cuales el denominador común era el accionar por fuera de las entidades sindicales. Pronto las distintas reparticiones gubernamentales comenzaron a tomar medidas similares, con lo cual esta denominación se hizo extensiva a gran parte de ese “encadenamiento de protestas”  que se llevó a cabo, lo repetimos, desde fines del año 1998 hasta diciembre del año siguiente.

Ya para finales del ´99 la llamada “crisis de Corrientes” (y dentro de esta, la expresión “autoconvocados”) daba lugar a un determinado cúmulo de  experiencias  históricas (junto a  sus  formas de narrarlas) y era incluida de forma recurrente – dando pruebas de su carácter narrable – en los medios gráficos correntinos. El protagonismo de los actores demandantes, sean los sindicatos o los Autoconvocados, fue cobrando cada vez más importancia hasta relacionarse con un amplio campo de movimientos sociales desatados en varios puntos de la provincia, y con una relevancia que, aunque oscilante, tuvo momentos de una trascendencia inusitada.

Ahora bien,en relación a los numerosos estudios de que ha sido objeto el movimiento de autoconvocados en la crisis correntina de 1999, las posiciones adoptadas por los sindicatos en el periodo precedente no han corrido con la misma suerte. No solamente no existen estudios en torno a su papel respecto de la crisis, sino que los estudios sobre autoconvocados omiten por lo general la importancia de aquellos en la génesis de estos,  olvidando el caso de que la autoconvocatoria se dio en un marco socio-histórico particular, y que no solamente resulta poco comprensible si se la mira desde la mera irrupción de su praxis, sino que al mismo tiempo se corre el riesgo de convertirla en una creación académica ex nihilo.                   

Todo esto llama más aun la atención si tenemos en cuenta que la participación del movimiento sindical en la vida social de la provincia así como su representación (que era, como puede suponerse, exclusivamente gremial, a diferencia del sistema de representación directa a través de elecciones en los procesos asamblearios que tenía el movimiento de los autoconvocados) su inscripción en el espacio público  (unos por fuera de los canales institucionales, otros por dentro) sumados al carácter masivo y amplio de las convocatorias, tuvo una injerencia fundamental en la constitución del movimiento posterior.

       

- El discurso sindical en este abordaje. Contexto del estudio y periodización general 

El terreno en el que aquí se entiende el concepto de identidad es el terreno político. Hablamos de identidades políticas como marcos experienciales a la vez que imaginaros de sentido que suponen un posicionamiento respecto de las estructuras que institucionalizan lo social, las estructuras de la política. Estos marcos e imaginarios no están sino plasmados en todo momento en la constitución siempre relacional del proceso identificatorio. Una identidad no es un elemento positivo que nace de sí misma sino que es un diferencial. Su compleja constitución es contextual y a la vez histórica, por ello su estudio es sincrónico y diacrónico.

Las nombramos a su vez como identidades populares por dos motivos que pueden entenderse como dos caras de la misma moneda: el primero, por la posición teórica que asumimos. Lejos de ver al populismo como una distorsión del ejercicio legítimo del quehacer político, lo entendemos como una discursividad política particular, asentada en una matriz comunicacional que tiene como uno de sus elementos constitutivos la intervención de ciertos sectores – por fuera de los dispositivos democráticos clásicos – en el cuestionamiento de las estructuras básicas que institucionalizan lo social.

El segundo motivo refiere, en cambio,  al objeto histórico. Las particularidades del discurso sindical así como el de los denominados Autoconvocados nos exponen ante la puesta en escena de unas prácticas de recorte y clasificación de sí mismos, de la crisis que viven, y del otro con el que confrontan, disponiendo los terrenos para el antagonismo y la dicotomización del espacio social.

Lo que se presupone en ambos casos no es sino un único y mismo punto: la apropiación del quehacer político, en un sentido crítico-propositivo, por parte de sujetos que normalmente están representados y que, afirmándose en una lógica discursiva particular, toman partido, se posicionan.

Respecto de las instancias particulares de la situación política en Corrientes, la constitución tropológica de las identidades  la hemos estudiado tomando como ejes los siguientes factores a) un sistema institucional incapaz de dar cuenta de una serie de demandas, b) la estructuración de tales demandas en torno a su lugar de exclusión respecto del sistema, c) la conformación de una cadena equivalencial de demandas y d) el surgimiento de cierta entidad simbólico-discursiva que ya no representa las demandas sino el lazo equivalencial como tal.

Con estos elementos hemos identificado tres lógicas diferentes que, actuando de manera consecutiva a lo largo del conflicto, supusieron límites distintivos en cuanto a la configuración simbólica de grupo de pertenencia así como posicionamientos claramente diferenciables (hasta encontrados).

El periodo que tiene como protagonista el movimiento sindical, y en el que aquí nos detendremos, está dominado por una Lógica de la Reagregación. Con ella nombramos un periodo de seis meses aproximadamente (de octubre de 1998 a abril de 1999) en el que, como características centrales tenemos, a) la mayoría de las demandas fueron vehiculizadas por las entidades sindicales, b) se produce la emergencia de la crisis como objeto discursivo, crisis que es recortada en un primer momento en el plano dual económico – moral (con mayor peso del primero sobre el segundo, cuestión que se invertirá con Autoconvocados), c) existe una clara heterogeneidad socio-discursiva, es decir, dentro del ecosistema discursivo sindical se observa la presencia de una pluralidad de actores, d) no existe una isotopía semántica entre los objetos crisis y nosotros, la extensión de aquella excede – fundamentalmente por su atributo moral – a la constitución identitaria de este Nosotros (Nosotros Trabajadores), y, finalmente la que podría ser la característica específica de esta lógica, e) se produce la acumulación de puntos dislocatorios, una combinatoria horizontal de demandas  que, aunque ceñida aun a ciertos planos del conflicto, no solamente no pudo ser absorbida por el gobierno del Partido Nuevo (siquiera diferencialmente) sino que preparó el camino para la siguiente lógica identitaria al homogeneizar un cúmulo notablemente alto de demandas sobre el hecho de su insatisfacción.

Esto fue logrado principalmente por cuestiones de ingeniería gremial, al conformarse de una Multisectorial sindical a comienzos de noviembre de 1998, así como por la capacidad de cada entidad sindical de sostener promedios altos de movilización al dar cuenta de demandas que excedían su ámbito de acción específico, tal como lo demuestra el siguiente párrafo referido a las demandas a fines del '98. 

“ 1) El pago del aguinaldo de Julio y el sueldo de noviembre del ´98; 2) La normalización de la obra social (IOSCOR); 3) El cese de intervenciones a los organismos autárquicos; 4) La reincorporación de empleados de IPS y de la Lotería provincial que habían quedado en la calle; 5) cumplimiento del Estatuto Docente y; 6) créditos de honor a los pequeños productores afectados por las inundaciones”. (Sanchez, 2000: 13) 

A esta le sigue el periodo de emergencia y mayor vigor de los autoconvocados, periodo que va entre los meses de mayo y agosto de 1999 y que hemos denominado Lógica de la Hegemonía atendiendo a su característica distintiva: es con este movimiento y en estos meses en el que se produce la emergencia del Pueblo, se pasa de una lógica de mera combinación horizontal de las demandas a una lógica de la sustitución de esta combinatoria por un significante central que la representa. Autoconvocados a su vez, asume la representación de un Universal. La emergencia del Pueblo como actor político central en este periodo se encuentra relacionado con a) una operación hegemónica, ya que refiere precisamente al pasaje de atribuciones particulares (unas representaciones acerca del hacer, del padecer, y del saber) a su representación universal y b) un desplazamiento de todo carácter institucional de los reclamos. Desde allí se reacomoda el tablero dicotomizando el espacio social (a diferencia de la heterogeneidad de posiciones de las que hablábamos en la lógica anterior).

La categoría central del nosotros se diluye, se produce el pasaje de los trabajadores a los autoconvocados, con lo cual se reorientan los planos de extensión de la subjetividad (y en esto también entran la dispersión e inclusividad en este periodo vehiculizadas).

Por su parte, la crisis pierde los restos de la regionalidad que le quedaban aun de la lógica anterior, siendo homologada al partido de gobierno. El PaNu pasó a ser otra forma de nombrar la crisis, era lo que estaba más allá de la frontera política que dividía lo social. La construcción discursiva de la posición Partido de Gobierno en un espacio antagónico no significaba algún tipo de condensación de las demandas hacia esta figura, sino su no representación en el espacio discursivo elaborado desde Autoconvocados, su caracterización como lo Otro que lo negaba en tanto que Pueblo.

Una diferencia fundamental con el periodo anterior es que mientras que en aquél se pudo conformar una cadena de demandas dirigidas hacia el poder, con lo cual implícitamente, todavía se legitimaba su existencia, esta segunda lógica identitaria se construye precisamente gracias a su negación de las relaciones de poder existentes. En ambos periodos, el tipo de actores respondían a un mismo estrato poblacional, sin embargo, la manera en como totalizaron su experiencia política, fue diametralmente diferente. Con la emergencia de Autoconvocados las demandas ya no se dirigían hacia el Estado, era el Estado el principal objeto de demanda, de insatisfacción.

Se puede observar el grado de deslizamiento metonímico de un significado particular a través de una serie cada vez más grande de demandas y la identificación de ciertos sectores con algunos significantes clave. “Dignidad” pasó a ser el significante bajo el cual se construyeron como equivalentes demandas tan diversas como la del hospital público y gratuito o la de los créditos de honor de los productores afectados por las inundaciones, y “autoconvocados” pasó a institucionalizar /legitimar la utilización de este significante  para un colectivo más o menos homogéneo y delimitable.

Existe, por último, un tercer momento en que el cumplimiento de algunas de las demandas revela el carácter contingente de la identidad en cuestión (de las identificaciones de los diversos sectores en un mismo punto). Para la descripción de este periodo,  que abarca los meses de septiembre a diciembre de 1999, hemos utilizado la denominación de Lógica de los Pliegues, tratando de nombrar con ella el retraimiento del tipo de subjetividad operante, volvemos de una subjetividad popular a una subjetividad democrática.

Al caer el PaNu, al asumir la Coalición, el significante “Dignidad” – en tanto significante vacío que contenía infinidad de contenidos particulares – comienza a perder vacuidad. “Dignidad” comienza a vincularse con demandas más “concretas”, que no fueron reencauzadas en un marco tal que justifique las equivalencias que se habían construido en el periodo anterior. Esta característica al interior de la formación discursiva esta relacionada con la disminución del grado de inclusividad del Nosotros.

Justamente, dos características de la lógica anterior  que permiten entender este pasaje

            a- la amplitud de la cadena de demandas si por un lado permitió la conformación de una identidad popular, también representaba sus limitaciones  ya que esta se hizo cada vez más y más inestable debido a la heterogeneidad de contenidos que debía dar cuenta, y

            b- lo anterior implicaba a su vez  que la extensión del terreno que abarcaba la metáfora “Autoconvocados” (en relación directa a la reutilización de una cierta imagen del “Pueblo”) hizo cada vez más difícil lograr una articulación en el terreno político – institucional.

Si antes y después de la caída del PaNu seguían trabajando las mismas demandas, sin el Otro que posibilitaba la equivalencia de estas, la identidad de Autoconvocados, su lógica discursiva particular (su régimen de equivalencias salarios - corrupción - PaNu) se vio dislocada. Ergo, Autoconvocados comenzó a tener dificultades para reagregarse metafóricamente, para buscar algún elemento cuya heterogeneidad permita la continuidad de las equivalencias. La subversión de estas por las diferencias, el carácter cada vez más restrictivo del Nosotros al que se aludió, pueden ser entendidos como algunos de los factores del eclipse del Pueblo en sus notas más particulares: demandas específicas comienzan a operar por sí mismas, por fuera de la cadena de demandas que se había construido en el periodo anterior, y, de acuerdo al tipo de subjetividad involucrado, pasamos de un sujeto popular a un sujeto democrático. 

Tiempo I. Octubre / Noviembre de 1998 

Los trabajadores y la dirigencia. Dos formas de nombrar al Nosotros

La posición de sujeto dirigencia sindical resultó a lo largo de todo el periodo dominado por la primera lógica el núcleo del nosotros exclusivo más excluyente, la forma de identificación primaria en el discurso sindical. Estaba constituído por  un conjunto de atribuciones que daban cuenta de un cúmulo de saberes y actividades  orientados en su mayor parte a reclamar a unos los derechos de sí mismos (caso del nosotros exclusivo e inclusivo) o de otros (caso de ellos genérico) se encuentran en uno de los polos de mayor actividad. Si bien también esta posición refiere, en relación al objeto crisis, a una función semántica de paciente, su disposición ante dicho objeto (el tipo de atributos al que se hizo referencia) y su relación con las demás posiciones dentro del objeto Nosotros, la sitúan en uno de los lugares de mayor actividad en este periodo. A diferencia de esto, las posiciones en el Nosotros inclusivo estuvieron signadas por un carácter de menor actividad ante la crisis.

De las posiciones en el Nosotros Inclusivo, Pueblo y Trabajadores, es a esta última a la que le corresponde un mayor grado de actividad. Si bien la crisis avanza sobre ellos, tal posición se construye alrededor de una gama de atributos deóntico - pragmáticos  que le permiten de alguna manera enfrentarla (posibilidad ligada fundamentalmente a la relación entre los trabajadores y la dirigencia). La posición Pueblo, por su parte, se levanta con mayor peso sobre atributos de tipo deónticos. La imagen de “un pueblo que quiere ponerse de pie” más que un registro volitivo o pragmático funciona como un recurso moral. 

Ellos: Los espectadores

A diferencia de la posición de sujeto Trabajadores, posición dotada de un fuerte agenciamiento, las posiciones sociedad, gente y pueblo1 no estaban integrados en este periodo al colectivo de pertenencia más activo, aunque sí pesaban sobre ellos los atributos de la crisis (estaban incluidos en el dominio general de sus efectos).

En cuanto a la Sociedad, esta era entendida como el conjunto de los sectores sociales, sin mayores especificaciones sobre los límites a la idea de “sector” ni a la idea contenida en lo “social”. Algo que sí permite entrever esta definición es un efecto de referencia a la población desde el plano de sus instituciones, es decir, la sociedad en tanto anclada objetivamente en lo institucional. En cuanto al pueblo, su aparición, posición y características generales en el discurso sindical, posee similitudes con respecto al referente sociedad, fundamentalmente en lo atinente de la idea de un colectivo cerrado. Sin embargo se apela en este caso a elementos simbólico – tradicionales compartidos, desde este lugar esa es la mancha de aceite que permea lo social y que permite entenderlo como una unidad2.

Por otra parte, de la misma manera que en las posiciones sociedad y gente, su construcción evade explícitamente la especificación de algún sector de la totalidad social. Ya no se trata, como diría Laclau de “actores sociales que poseen una ubicación social particular”, sino de la totalidad misma, aunque medida con diferentes varas.

La relevancia a este ellos en el régimen discursivo sindical constituido a finales de noviembre es  muy débil, si tenemos en cuenta tales atribuciones o las características de inclusión dentro del marco de la crisis. Tanto la sociedad, como el pueblo o la gente, si bien funcionaron como elementos internos en el dominio de los efectos de la crisis, se suspenden sobre la ausencia de atribuciones positivas en términos epistémicos, deónticos o pragmáticos, lo que hace de ellos unos espectadores sino de la crisis, al menos de la lucha - incipiente-   que se estaba llevando a cabo por superarla.

Por ello, en este periodo no existen espacios, dentro de la formación discursiva sindical, para la presencia activa de aquellos colectivos de mayor extensión que los trabajadores. Las posiciones correspondientes al ellos genérico se encuentran en el terreno de menor actividad en el conjunto de los actores intervinientes.

Tal vez la nota distintiva de la acción de los sindicatos en este periodo sea la lectura del proceso de cesación de pagos y de otros problemas no relacionadas a éste como una crisis de carácter provincial. Con ello se produjo la subsunción de los problemas aislados bajo un diagnóstico generalizador y homogeneizante. Esta crisis fue constantemente reagrupada, alineada, sobre la negatividad de las atribuciones de tipo deónticas, epistémicas y pragmáticas de aquellas posiciones ubicadas en el Ellos Particular, es decir de aquellos lugares desde los que se tomaban distancias. Por ello la crisis no es solamente económica, sino también moral e institucional, suturada al mismo régimen de atributos que impregna aquellas posiciones. 

Sintagmas nominales que delimitan un cierto tipo de crisis, como “impunidad”  o “peor crisis moral”  se alternan con otros del tipo “la profunda crisis que atraviesa la Provincia en sectores clave de su estructura” o “todos los días a cada hora del día hay un desocupado más en Corrientes, se van cerrando comercios, fuentes de trabajo, y la mejor muestra es cuando nos vamos a los supermercados y todos los meses encontramos caras nuevas” ; aunque estos diferentes recortes también coexisten en un mismo sintagma, como en los casos “crisis moral y económica de la provincia lastima y lesiona los derechos de todos los habitantes”  “crisis moral que atraviesa la Provincia y que hoy llegó a fines insospechados… la crisis moral provocó la crisis económica, social y financiera” (…).

Sobre esta doble acentuación del objeto, económica y moral, fueron ubicándose las distintas posiciones de sujeto en la formación discursiva sindical. Es el caso del lugar en el que quedaba ubicado el Gobvierno provincial, pues existía una fuertesimilitud entre los atributos de tipo deónticos que – entre otros – construyen el objeto crisis, y el tipo de atributos predominante en las posiciones de sujeto ubicadas en el Ellos Particular.   

Los lugares de la exclusión

la regularidad en las atribuciones hechas respecto de las posiciones Gobierno, gobernantes, gobernador o intendente, permiten dar cuenta de otro tipo de pasividad, que puede ser entendida como una cierta actividad que es rechazada desde el discurso sindical. El rechazo al Estado - su construcción como Ellos Particular - se deriva entonces de su “pasividad culpable” ante la crisis por el no ejercicio de sus deberes. En este sentido, el gobierno no está gobernando.

Las demandas

Se pueden observar tres grados distintos de inclusividad en el espectro de demandas efectuadas durante los meses de octubre y noviembre de 1998. Esto no anula, sin embargo, el hecho de que buena parte de ellas se encuentran en un grado más bien local de inclusión. Es decir, encuentran su ubicación en el espacio que media entre el Nosotros Exclusivo e Inclusivo.

Las demandas por el fondo de financiamiento docente, concursos de ingreso a la docencia, la regularización del Consejo General de Educación, la realización de descuentos por parte de las farmacias a los Jubilados, la habilitación para que los directores de las escuelas puedan nombrar suplentes, el fin del ajuste en el sector docente, por recuperar la obra social de los municipales, etc., son demandas cuya inclusividad se agota en la posición de sujeto Trabajadores (Rama Laboral) una de las posiciones incluidas en el Nosotros exclusivo.

Por su parte, las demandas por la regularización del Ioscor y del Instituto de Previsión Social, además de la normalización de los entes autárquicos, los salarios congelados y su falta de pago, las presiones de los entes recaudadores para abonar los impuestos, etc., se encuentran dispuestas sobre un nivel de inclusividad mayor, pues su expansión alcanza a la posición Trabajadores Estatales, una de las dos posiciones incluidas en el Nosotros Inclusivo.

Por último, demandas por hospitales gratuitos, por la baja en la mortalidad infantil, el respeto debido a las instituciones, por la corrupción y la impunidad, son demandas que exceden las anteriores posiciones, suponiendo un grado de inclusividad mucho mayor, pues permite que se homologuen las posiciones del Ellos Genérico a las incluidas en el objeto Nosotros.

Si bien no existe un régimen de continuidad por el cual de las demandas menos inclusivas se haya pasado a otras de mayor inclusividad (en realidad, como puede apreciarse en el cuadro, en un mismo periodo, más aún, en un mismo enunciado coexisten demandas de distinto grado de inclusividad) con el correr del conflicto fueron estas últimas las que posibilitaron  la emergencia del proceso por el cual, y en términos de Laclau, “las peticiones se van convirtiendo en reclamos”. 

Tiempo II. Marzo / Abril de 1999 

En el transcurso del periodo comprendido entre los meses de marzo y abril de 1999, la percepción de la crisis como una situación que excede definitivamente los problemas económico – financieros que atraviesa la Provincia posibilita un fenómeno paradojal: a la vez que habilita un mayor rango de acción al movimiento sindical,  permite que la posición de sujeto Trabajadores Estatales vaya perdiendo centralidad en el mismo discurso de las entidades gremiales, precisamente por el carácter global le crisis. A medida que avanza el conflicto y debido al perfil sobre el que se recorta  la crisis, se produce su desplazamiento para situarse como una de las posiciones “afectadas” por ella.

En un documento de la CTA de finales de abril se recorta esta posición sobre la especificidad aludida. 

La marcha Multisectorial es convocada por la Central de Trabajadores Argentinos, CTA, ATE, SITRAJ, SUTECO, Unión de Jubilados, Trabajadores desocupados, Vecinos Autoconvocados, la Asociación Correntina de Docentes Autoconvocados, ACDP, AMET, MUD, el Sindicato Argentino de Docentes Privados SADOP, el Sindicato de Trabajadores de Obras Sanitarias y diversos partidos políticos. Es una marcha de toda la sociedad en defensa de la dignidad de los correntinos. 

Por medio de esta estrategia discursiva, lo que en otro momento pudo considerarse como un exterior de la discursividad sindical comienza a ser incluido debido al carácter borroso de la frontera, al comienzo de su desplazamiento debido a que la crisis es leída en un nuevo registro. Aquí tenemos el todo como sujeto de acción y ya no los trabajadores, sino “la dignidad de los correntinos” como tema afectado, ya que la lucha se realiza en sus defensa.

Al dejar definitivamente su carácter regional, la crisis ya no distingue posiciones al interior del espacio social correntino. En consonancia con esto, desde el discurso sindical se va a ver en las posiciones Pueblo y Sociedad la fuente de reservas morales. De manera mucho más explícita, aquel es reconocido como entidad legítima, como interlocutor válido y necesario para la restauración de la normalidad. Sin embargo, el tipo de inclusión de estas posiciones no va más allá de lo que permiten los modos de agenciamiento específicos definidos por los atributos deóntico – afectivos bajo los cuales se las caracteriza. En este sentido, los enunciados referidos a la solidaridad y reacción del Pueblo o la Sociedad al mismo tiempo que los recortan como actores específicos dentro del conflicto, proponen límites definidos a su acción.

Por otra parte, la posición Dirigencia cobra en este periodo mayores valores de agenciamiento por los cuales se la puede diferenciar con mayor nitidez del resto de las posiciones en el objeto Nosotros. Esta posición se define a partir de sus facultades organizativas, que lo presentan como un actor que verbaliza y reflexiona, decide y deja decidir.

Precisamente, éste es otro factor por el cual la isotopía semántica pierde el carácter regional que tenía en Tiempo I, posibilitando la inclusión de mayores enunciados dentro del mismo campo semántico (formación discursiva). El caso de la distinción entre las posiciones discursivas al interior del Nosotros Exclusivo es un ejemplo de ello. Los “Docentes” (nominativo incluido dentro de la posición Trabajadores – Rama Laboral) son construidos como “Ellos” por medio de su identificación con lexemas ubicados al interior del campo semántico propio del Ellos Particular (“amiguismo”, “satisfacción personal”, “prebendas”, etc.). De esta manera, aquello que posibilita la equivalencia entre las posiciones Trabajadores Estatales y Pueblo o Sociedad, posibilita la diferencia entre las posiciones Dirigencia y Trabajadores (Rama Laboral). Sucede entonces que aun dentro del primer tipo de equivalencia se evidencia la existencia de la misma frontera que permite la cercanía de las posiciones del Nosotros Inclusivo y del Ellos Genérico.

Se homogenizan las posiciones en torno a una misma línea de demanrcación. La crisis se transforma en el criterio ordenador de las distintas posiciones de sujeto. Tal criterio – verdadera frontera política a esta altura – refiere por un lado, a la identificación explícita del Gobierno como agente de la crisis, y por otro, al manejo arbitrario de aquél por parte de la posición Intendente.

En este periodo se termina de reelaborar el conjunto de hechos que pasarán a formar parte de los antecedentes de la crisis. Se va a proponer un recorrido que por lo general tendrá su anclaje en el Gobierno anterior, con el poder ejecutivo a cargo de Romero Feris. A través de la identificación de la crisis con el Partido Nuevo comienzan a emerger alternativas que serán contradictorias con la presencia de este último.  Así, en el enunciado “para superar la gravísima situación es necesario la construcción de otro modelo de provincia”  la referencia oculta a lo mismo implica ya que el modelo de relación que se propone entre la crisis y el gobierno encaja sobre sus partes.

Sin embargo, la construcción heterogénea de las posiciones Gobernador y Gobierno – y esta es otra de las tensiones presentes en la formación discursiva sindical – no supone aun un oposición frontal. Gran parte de los enunciados que proponen marcos descriptivos desde donde leer la crisis, tras exponer el carácter heterónomo de aquellas con respecto a la posición discursiva Intendente, suponen – por medio de distintas formas de agenciamientos posibles – una hipotética resolución del conflicto aun desde estas dos posiciones.

Con respecto a las demandas, si bien las de mayor dispersión continúan siendo las demandas por salarios y la normalización de las instituciones, estas se ven acompañadas por otras de mayor inclusividad (“basta de autoritarismo”, de “impunidad”, “¡Justicia!”, etc.).

La homologación discursiva de las distintas posiciones de sujeto y su distanciamiento respecto de las posiciones del Ellos Particular está relacionada con el mayor nivel de articulación de demandas en este periodo. 

Conclusiones. Interrogantes de re-apertura.  

El discurso sindical elaboró sus marcos de referencia colectiva en base a la coyuntura específica de cada momento. Las características del  Nosotros que emanan de este discurso entre los meses de octubre y noviembre de 1998 son muy diferentes a aquellas que se pueden individualizar ya sobre los meses de marzo y abril del año siguiente. La profundización de la crisis fue seguida desde el discurso sindical por una reestructuración de su identidad como colectivo, expandiendo las fronteras en donde se juegan los procesos de inclusión / exclusión del Nosotros como objeto discursivo homogéneo y delimitable.

La focalización del Ellos Particular fue otra de las constantes en el periodo. La individualización del Intendente como figura responsable de la crisis permite una correspondencia de posiciones adversas, inclusive la posición del Gobernador, cuya figura no termina de ser descartada desde el discurso sindical  como quien puede, bajo determinadas condiciones, sacar a la Provincia de la crisis.

El llamado por parte de uno de los gremios a un “Foro en defensa de las Instituciones” en el cual se propiciaba la participación distintos sectores sociales y hasta de gran parte de lo partidos políticos opositores, significó la expansión de sus fronteras políticas en torno a una inclusividad casi diferencial.

La construcción del objeto discursivo crisis se constituye como un criterio que diferencia al Ellos del Nosotros, y en cuya dicotomía las posiciones del Ellos Genérico, sin dejar de estar por fuera de este Nosotros, son construidas como equivalentes al caracterizarlas fundamentalmente como sujetos pacientes de sus efectos.

El carácter predominante del polo sintagmático en la extensión de las demandas, su grado de inclusividad, así como la correspondiente equivalencia en las posiciones de sujeto fueron algunas de las características que precedieron a la emergencia de Auntoconvocados en el conflicto.

La reagregación se constituye así como la acumulación de puntos dislocatorios, como la homogeneidad de las posiciones, la unidad de sentido que genera la isotopía semántica del sintagma “afectados por la crisis”.

El pasaje “la sociedad está unida en pos de objetivos comunes” remite precisamente a la más particular característica del discurso sindical en el Tiempo II. Haber dicotomizado el espacio político separando al pueblo del poder, primera condición para la emergencia de una identidad políticamente popular. Estaba dispuesto así el grado cero de la metáfora, del pasaje de una relación de combinación a una relación de sustitución.

Pero lo que vino después simplificó aun más el espacio social. De la diversidad de posiciones existentes dentro de la Formación Discursiva sindical, en este periodo es la posición de sujeto Pueblo la que condensa la exclusividad e inclusividad del Nosotros. Ahora es el imaginario que emana de este significante el que galvaniza la totalidad de las luchas. Desde el punto de vista institucional, Autoconvocados representaba el actuar del afuera,

Ante la carencia de una verdadera representación de sus intereses por parte de la clase dirigente, los Autoconvocados, que son el Pueblo, encarnan la legítima representación de sí. Precisamente, una de las características principales que la recortan en torno a un Nosotros, es el sostenimiento de su particularidad como autosuficientes.  Del clásico enunciado por el cual un pueblo no gobierna sino a través de sus representantes, tenemos aquí un modelo en el cual el pueblo se auto-representa ante sus representantes. Por ende, estos últimos (incluidas las representaciones gremiales) son deslegitimados en su función. Más allá de los acuerdos en una amplia variedad de aspectos entre el movimiento de los Autoconvocados y los sindicatos, la lógica identitaria a la que apostaban era diferente3.

La afirmación de Klachko y Barrios (Barrios, 1999) de que Autoconvocados se corresponde con un movimiento original aunque emergente de los empleados públicos provinciales, quizá pase por alto una de las características centrales de este colectivo en cuanto a su ubicación política en el conflicto,  y que está dado por el hecho de que el pertenecer a un estrato específico de la población no le impidió presentarse como Pueblo y,  a través de ese movimiento, universalizar los problemas (aquellos considerados como tales) postular soluciones (que salen por lo general del modo en que se encara el problema) y dicotomizar el espacio político señalando aquello que lo amenaza (a su posición particular). Autoconvocados representaba una forma de totalización política aunque en una versión a-institucional.

Es precisamente en este punto en donde podemos plantear algunas interrogantes que , como todos sabemos, atañen a la circunstancia de la movilización sindical en los últimos años. Si se correspondían, según criterios de diferenciación sociológicos, los actores participantes de las protestas sindicales con aquellos que pasaron a formar parte del movimiento autodenominado “Autoconvocados”, ¿cuál es la distinción, desde una  perspectiva política, que allí se realiza entonces?, y en todo caso, ¿cuál es el imaginario que queda actualizado en el rechazo a la pertenencia al movimiento sindical que queda aquí evidenciado?, ¿cómo es que del nosotros socio-simbolico, delimitable y diferencial, Trabajadores, se produce en ciertos casos la universalización de los movimientos, universalización que tiene por paradoja diluir esta categoría identitaria, central aun hoy en los movimientos sindicales?, ¿de qué manera, si es que cabe hacerlo, las entidades sindicales pueden estar incluídas en estos movimientos que los exceden?

Tal vez podemos leer en la praxis del movimiento sindical correntino a finales del año 1998 y comienzos de 1999 el ensayo de alguna posibilidad de respuesta a estos interrogantes. De lo que se trata aquí es de la extensión del ámbito de acción de los sindicatos y la consiguiente ampliación del tipo de  subjetividad política que sostiene. Incorporar en sus reclamos el índice de mortalidad infantil, el nivel de corrupción e impunidad o el pedido de crédito a los pequeños productores que en ese año  habían perdido sus cosechas  a causa de las inundaciones, resulta una forma de inclusión de demandas excedentes a su radio de acción clásico. Hablamos de las formas que puede adquirir la constitución de una subjetividad política en un contexto determinado, no necesariamente del desarrollo de mecanismos institucionales para dar cuenta de esas problemáticas.

Sea como fuere, la cuestión del lugar y las formas de acción de los sindicatos en las luchas actuales nos remite a un panorama de interrogantes, más aun cuando aquellos pisos civilizatorios de los que habla Godio conquistados por las luchas sindicales a lo largo del siglo XX, están siendo puestas en cuestión desde sus fundamentos. La empresa posfordista ya no compra mera fuerza de trabajo sino “a la persona y a su devoción”. Wall Mart no tiene empleados ni clientes, sino socios.

El dilema del accionar sindical en particular así como la necesidad de una repolitización de las relaciones interpersonales, ya que en todo caso no puede haber redistribución de la riqueza sin redistribución del poder, justifican la centralidad del debate.  De lo que se trata es de la conformación de una subjetividad política en la cual el elemento de valor que aun hoy pueden tener los sindicatos, no se vea diluido en otros imaginarios de acción colectiva (depositarios de  un carácter coyuntural sorprendentemente creciente), y pueda finalmente contribuir a la lucha respecto de los mecanismos privados de control y regulación social en las sociedades contemporáneas.    

Bibliografía 

Arnoux, E., Análisis del Discurso, Santiago Arcos Ed., Bs. As. 2006.

Barrios, G. (2000) Movimientos de protesta social. El caso de Corrientes durante 1999, Comunicaciones Científicas y Tecnológicas, Universidad Nacional del Nordeste.

- (2002) Los Autoconvocados. Percepciones sobre el movimiento de participantes de la protesta social en Corrientes, en 1999, Comunicaciones Científicas y Tecnológicas, Universidad Nacional del Nordeste.

- (2003) Después de la protesta: Indagación sobre el proceso posterior a la protesta social protagonizada por el movimiento de autoconvocados y su repercusión en el ejercicio de los derechos políticos (el caso de la protesta de la provincia de Corrientes, 1999), Comunicaciones Científicas y Tecnológicas, Universidad Nacional del Nordeste.

Benetti, O. A., (1999) Aguanta, Hoja del Pueblo correntino autoconvocado, Moglia, Ctes.

Benveniste, (2001) E., Problemas de Lingüística General, Vol. I, Siglo XXI, México.

- (2004) Problemas de Lingüística General, Vol. II, Siglo XXI, México.

Ducrot,O (2001). El decir y lo dicho, Edicial, Bs. As..

Foucault, M., (2005)  La Arqueología del Saber, Siglo XXI, Bs. As..

Guber, R.,  (2001) La dimensión cultural de la crisis en Corrientes. Disponible en www.rebelion.com

Klachko, P.  (2003)  El proceso de lucha social en corrientes, marzo a diciembre de 1999. los “autoconvocados”, Disponible en http://nexos.unq.edu.ar/

Laclau, E., (2004) Hegemonía y Estrategia Socialista, Fondo de Cultura Económica, Bs. As.

- (2005) La Razón Populista, Fondo de Cultura Económica, Bs. As.

Maingueneau, D. (1980) , Introducción a los Métodos de Análisis del Discurso, Hachette, Bs.  As.

- (2003) Términos clave en el Análisis del Discurso, Nueva Visión, Bs. As.

Raiter, A. (1999),  Lingüística y Política, Biblos, Bs. As.

Zizek, S. (2003),  El sublime objeto de la Ideología, Siglo XXI, Bs. As.

- Mas allá del Análisis del Discurso en Laclau,  Nuevas Reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Nueva Visión, Bs. As. 2000, pp. 257 – 267.

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Documento 2

Enlace permanente 21 de Febrero, 2009, 12:10

“El 99. Todos los fuegos: el fuego” 

Las siguientes son reflexiones fruto de la participación en el movimiento correntino de 1999, alentadas por la esperanza y por la convicción de que es necesario desentrañar la heterogeneidad y comprender la lógica de aquel movimiento como organización social alternativa.  

En Corrientes, a fines de los 90 y como en el resto del país, el período iniciado en 1983 con la reinstauración de la Democracia, llegaba a medianoche y se vislumbraba la ruptura del hechizo.  

Poder ético, poder ideológico, poder económico, de nuevo poder ético, fueron las significaciones sucesivas que dieron nacimiento a las cuatro presidencias y que demostraron de inmediato y en cada caso, su distancia de la realidad y el carácter secuencial del perfil del estado dictadura - post dictadura. 

Nuevos excluidos, nuevos presos sociales, nuevas desapariciones (personales y colectivas) nuevos sujetos de persecución e incluso de tortura, se desplazaron desde el eje de los 60-70, es decir desde la militancia, hacia el eje de las poblaciones “sobrantes” por efecto de un estado achicado, y de una cada vez mas imponente concentración de riqueza. 

Frente a esta realidad, fueron surgiendo diversos intentos de organización, aggiornando viejas estructuras o creando algunas nuevas. Sin embargo, una cuestión “de fondo” surgía en el análisis de unas y de otras: algunas sospechadas de connivencia con el poder y otras desechadas por su poca eficiencia estratégica.   

Y cuando la confusión y la pérdida de rumbo imperan, los pueblos se las ingenian para “volver a las fuentes”. Ese es el principio del movimiento asambleísta, sea cual fuera la denominación que asuma: “auto convocados”,  “asambleas barriales”, grupos en torno a problemáticas específicas tales como agua, salud, medio ambiente, etc. 

Lo que estas formas asambleístas tienen en común, es la estructura horizontal o de red, y la no delegación en la toma de decisiones, las que son consensuadas en plenaria. Si bien un tal funcionamiento, garantiza la transparencia, el respeto por los acuerdos y la participación significativa, su perdurabilidad en el tiempo, está sujeta a la dimensión de las temáticas y de los actores involucrados. 

Con problemas y actores acotados, esta modalidad puede perdurar en el tiempo, pero cuanto más amplia es la temática, cuanto más personas y agrupaciones sectoriales incluye, esta modalidad debe transformarse en el corto plazo, para capitalizar los logros y la experiencia. 

El movimiento del  99, tan amplio y genuino por una parte, también albergó (como todo movimiento) las viejas prácticas, los viejos actores y, un poco mas disfrazadas o clandestinas, las viejas organizaciones. Todos ellos, concientes de la “natural extinción” del movimiento, rápidamente armaron sus estrategias en vistas al “después”.    

Como en un doloroso parto de nueve  meses, pero en este caso con el alumbramiento de la muerte de dos jóvenes, el movimiento del 99 se agota y el poder es retomado –como diría el poeta- “arando el porvenir con viejos bueyes”. 

¿Ganaron los de siempre? ¿El movimiento “auto convocado” fracasó? La respuesta a estos y seguramente muchos otros interrogantes, pueden servir para seguir pensando desde otro lugar.  

Si la imposibilidad circunstancial para dar el salto desde la asamblea hacia otra forma organizativa mas permanente y sólida, es entendida como fracaso, entonces se refuerza la idea de que toda organización alternativa es inviable y que solo nos queda optar por lo mejor dentro de lo malo. 

Si los intentos por retomar el movimiento tal y como fue entonces, se encuentran con una supuesta apatía de quienes entonces fueron activos protagonistas;  si la falta de respuesta a las convocatorias, es interpretada como abandono de los valores que alentaron aquella lucha, una vez mas se instala la resolución de los conflictos por la parte mas débil: el culpable es el de al lado...  

Por el contrario, si puede comprenderse que los tiempos de una organización incipiente son mas lentos que las de las viejas prácticas; si se puede distinguir en la diversidad del movimiento, lo genuino de lo oportunista,  y  si puede apreciarse la fuerza generada por el movimiento del 99, entonces se generarán condiciones favorables para un debate próspero y, quizás, para el inicio de nuevas formas de organización.  

De alguna manera, la conciencia colectiva se ha detenido en la memoria colectiva, en el triste registro de lo que fue y no es; de lo que pudiera haber sido y que diferentes modos de violencia impidieron que fuera. El 99 y las historias de lucha en general, pueden fructificar siempre y cuando recordemos para actuar, analicemos fino para entender, aprendamos para no repetir y recuperemos la fe para retomar el camino.              

        

Movimientos de Protesta Social

- El caso de Corrientes durante 1999 -

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Documento 1

Enlace permanente 21 de Febrero, 2009, 12:08

 1999: 10 años después 

   Han pasado diez años de la gesta del ’99, de esa singular lucha  social que reunió en las plazas, calles, rutas  y puente a miles de correntinos que, a lo largo y a lo ancho de la provincia, se autoconvocaron para interpelar a los dueños del poder, defendiendo la propia dignidad y demandando sus derechos de trabajadores y ciudadanos, confiando en sus propias fuerzas y en la verdad.

   Hoy, a 10 años de aquella verdadera crisis de fin de siglo, muchos de aquellos que nos movilizamos como autoconvocados o como organizaciones, queremos mantener viva la memoria de aquellos hechos.

   Porque los pueblos que olvidan su pasado terminan por hipotecar su futuro.

   Porque el pasado, reciente o lejano, es un maestro que ofrece experiencias dignas de repetir o mejorar, y errores que evitar o corregir, definitivamente. Es un trampolín que impulsa hacia la búsqueda de superación constante y hacia la construcción solidaria de una justicia largamente esperada.

   Sabemos que las luchas sociales no se re-editan. Son siempre nuevas.

   Por eso,  quienes nos movilizamos en 1999 no somos hoy un puñado de nostálgicos que continúan añorando lo que fue, sino unos ciudadanos conscientes de que el 7 de junio de 1999 fue el emergente de un proceso de cambio social que no se inició ese día y que aún no ha terminado.

   Ya hacia fines del ’98 la incipiente Multisectorial (fruto del sostenido trabajo de las organizaciones gremiales), inició con fuerzas los reclamos. Y la movilización de diciembre –de gran convocatoria-, constituyó un claro exponente del clima de descontento y de indignación de los trabajadores ante las arbitrariedades e incumplimientos del gobierno de turno.

   Sin embargo, durante el año '99 algo cambió en las conductas ciudadanas de una franja importante de la sociedad correntina, fundamentalmente trabajadores estatales, que estaban siendo los más directamente afectados por las tropelías del gobierno. El "aguante" en las plazas, el debate abierto, las asambleas, el ejercicio de la democracia directa llevó a formas inusitadas de  participación y protagonismo popular.

   Debido a la compleja trama de factores que provocaron la crisis traducida en falta de pago de salarios, arbitrarios desplazamientos de los lugares de trabajo, persecuciones, incertidumbre económico-social generalizadas –entre otros-, muchos ciudadanos, particularmente los asalariados del poder publico, despertaron a la conciencia de sus derechos, y asumieron, desde la acción concreta, la responsabilidad que les cabía en el construir su futuro de pueblo, viviendo ellos mismos y demandando a sus gobernantes y funcionarios conductas honestas y transparentes, valientes y coherentes, todo ello desde un eje central aglutinante y vivificante: el vínculo solidario. Vínculo que hoy no solo debemos declamar sino que debemos rescatar, reavivar en gestos concretos que vayan abriendo espacios de debate sobre nuestro destino de pueblo y que gesten así, en el intercambio sincero, la unidad en la acción.

   El movimiento social arrancó rebelándose contra el orden imperante instituido por un partido desprendido, después de duras luchas intestinas, del poder tradicional, luego del cual se instaló un gobierno de amplia coalición, por el cual nunca se sintió representado. A nivel nacional también cambiaron los gobernantes, referentes del  neoliberalismo más puro a una amplia coalición de “centroizquierda” que hasta había conocido las demandas sociales y pretendido otorgar soluciones, en el marco de este proceso y en entrevistas en plena campaña electoral.

   Sus cuestionamientos siempre fueron al fondo y no a las formas: “Queremos un cambio en la forma de hacer política y no de políticos; otra trama y no otros actores”, fueron las leyendas que los autoconvocados escribieron en las paredes, izaron en sus carteles, difundieron en miles de pronunciamientos y pusieron adelante en los innumerables cortes de rutas, calles y puentes. Y en estas expresiones, siempre presente la decisión por luchar por el respeto de la propia dignidad de personas y trabajadores.

   Durante el desarrollo de esta  crisis superestructural extraordinaria -aún no superada- en lo político, institucional y económico saltaron por los aires las que se tenían como verdades inmutables desde el punto de vista de la institucionalidad y las representaciones formales del sistema. Porque los autoconvocados correntinos no fueron  sino  una expresión de la profunda brecha que estaba abierta entre las representaciones tradicionales del sistema (partido/sindicato) y una franja importante de la sociedad civil.

   Por eso, los tres poderes junto a partidos políticos, sindicatos y asociaciones de la más diversas índole se vieron en figurillas para mantenerse y no desaparecer.

   Porque más allá de lo que se afirma a veces, la autoconvocatoria en nuestra provincia fue mucho más que un movimiento impelido por factores económicos.

   Sostenido por un amplio abanico de reivindicaciones,  tuvo su eje en la crítica al statu quo, al poder y a los poderosos de toda clase, a  sus formas de presentarse en la escena pública y a los desmanes y arbitrariedades de la manera de hacer políticas vigentes.

   Los delegados mantuvieron incluso ásperas polémicas públicas con representantes gubernamentales en torno a la participación ciudadana.

   Compareciendo ante asambleas, legisladores han debido precisar a multitudes los límites del sistema de representación republicano: El pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes, les recordaban, tratando de que la sociedad se replegara, y disciplinada tras el precepto constitucional, abandonara la plaza y la movilización. Todo esto habla del grado de confrontación entre la sociedad y sus representantes circunstanciales. Este proceso, acaecido en Corrientes en 1999, fue de alguna manera anticipatorio al que estalló en Plaza de Mayo en Diciembre del 2001, se generalizó con 40 muertos en todo el país, movilizaciones, proliferación de asambleas populares y desembocó en la huída presidencial.-

   La autoconvocatoria representó un triunfo cultural histórico, aunque muy probablemente hoy sintamos una derrota política.

   Una demanda: dignidad y justicia; un valor hondamente vivido: la solidaridad y un anhelo que, como la demanda, aún no encuentra forma de plasmarse: participación ciudadana y organización horizontal.

   Sin embargo, ante los justos reclamos que se caracterizaron también por su corte acentuadamente pacifista y dialogal, la indiferencia, las mentiras y aún la represión y la muerte fueron las respuestas que se obtuvieron del poder público provincial y nacional. Baste recordar el 28 de julio, el 13 y el 17 de diciembre, la muerte de Francisco Escobar y Mauro Ojeda y la de otros correntinos autoconvocados que perdieron su vida en este año de lucha, las amenazas de muerte a nuestros compañeros, sólo por mencionar algunos hechos.....

   Por eso, en este proceso en búsqueda de justicia y de transformación estructural, fueron varios los hitos que podrían señalarse, entre los cuales, sin embargo tenemos dos, cara y cruz de la misma moneda: el 7 de junio y el 17 de diciembre. La Plaza de la Dignidad o del Aguante y la brutal represión de gendarmería. El pueblo toma la palabra y el poder responde acallándolo, a sangre y fuego.

   Desde aquel entonces –y desde antes-, son varias las deudas pendientes de los poderes políticos para con los ciudadanos. Pero la que no podemos dejar de reclamar es esa justicia tan largamente esperada de la efectiva condena a  los autores materiales e intelectuales de la feroz represión que causó la muerte de dos jóvenes: Francisco Escobar y Mauro Ojeda.

   A 10 años de impunidad, denunciamos que las causas están paralizadas en el Juzgado Federal, demoradas también en los tribunales internacionales donde hemos denunciado la connivencia entre el juez federal que actúa en la causa, el mismo que ordenó la represión, en comunicación telefónica con el entonces ministro del interior, (hoy diputado nacional),   y juntos dispusieron la ejecución de esta maniobra de contrainsurgencia, otorgándole el mando a un comandante de gendarmería, involucrado en hechos de represión durante la última dictadura militar.

   Y respecto al 17 de diciembre, reiteramos lo que desde distintos sectores de la sociedad correntina es un secreto a voces: Durante la feroz represión no hubo errores ni excesos ni desobediencias entre los integrantes de la fuerza de seguridad nacional; tampoco "infiltrados", ni enfrentamientos entre civiles, como se arguyó desde algunos medios adictos al poder  creando una confusión deliberada entre víctimas y victimarios,  sino que todo fue parte de un plan cuidadosamente urdido para escarmentar a los "rebeldes correntinos" y como un tiro por elevación a toda la población argentina que resistía el ajuste y la exclusión a que viene siendo sometida por los gobiernos de turno, por imposición de los grandes centros de la economía mundial. Pero además esta acción ejemplificadora tenía la pretensión de abortar este incipiente nuevo modelo de participación ciudadana, que cuestionaba las bases mismas del sistema de representación parlamentaria.

   ¿Se abortó realmente? ¿O como el agua entre las piedras sigue abriéndose cause dentro de las estructuras organizadas, sin renunciar por ello a sus premisas?

   La historia tiene la respuesta. Que como en todos los fenómenos sociales –y los autoconvocados lo fueron-, estará siempre impregnado de matices.

   Sin embargo, y a pesar de la aparente derrota de tanta lucha transitada durante el ’99, hoy volvemos a decir que todavía el pueblo tiene la palabra

   Tiene porque experimentamos que el lenguaje del poder será siempre la soberbia, la injusticia, la opresión, el uso de la fuerza, la sinrazón y la prepotencia. Y frente a ello, protagonizamos en el ’99  la movilización histórica que significó un ¡Basta ya! a la prepotencia y a la arbitrariedad de los poderosos; un ¡Basta ya! al espectáculo de una clase política que parecía - y aún sigue pareciéndolo- , responder a sus propios y mezquinos intereses; un ¡Basta ya! a todas las formas de clientelismo político y de sometimiento de la dignidad que nos llevaron hasta la situación de crisis que atravesábamos

   Y aún tiene la palabra porque ahora sabemos que la organización silenciosa y perseverante, el debate abierto sin mezquinos intereses de partidocracias, la mirada atenta hacia las cuestiones pendientes como la justicia social y la justicia que castigue a los responsables de la honda crisis del pueblo correntino, la unidad en las acciones para lograrlo son algunos de los desafíos que tenemos por delante docentes, trabajadores, estudiantes, amas de casa, desocupados... en fin, todo hombre y mujer de buena voluntad que desde la generosidad y la grandeza de los ideales esté dispuesto a sumarse a la construcción de un Corrientes justo y solidario donde la justicia sea la fuerza de la paz. 
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